Dicen que el deporte forma y moldea a las personas y educa nuestra mente.

Supongo que sí. Lo que si puedo decir que me ha aportado y me sigue aportando el triatlón en mi vida personal y profesional.

El triatlón es un deporte apasionante, para deportistas un poco locos y que les gusta entrenar casi cada día y entre mucho y bastante.

Esta disciplina te transforma en una persona constante, que aprende que sin sacrificio no se consiguen las cosas, que hay que pensar a largo plazo, que los resultados no llegan por si solos, que disfrutes el camino y no la meta, que el rendimiento y tu resultado en la carrera es global y no parcial, porque el triatlón es un deporte que combina 3 disciplinas, y no 3 deportes en uno.

Lo que me ha enseñado el triatlón

A buscar el equilibrio para obtener un buen resultado, a escuchar tu cuerpo, a que aprendes de los errores, a que por muy bien que entrenes siempre hay competiciones que te van a ir mal (forma parte de nuestra forma de ser), a que tienes que ir innovando en tu forma de entrenar porque si no te estancas, a saber qué NO hacer en carrera, a ser muy humilde y tener respeto, en el triatlón no sirve la testosterona y si la mente.

Llevo ya más de 30 años practicando este apasionante deporte y no me canso de él. Adapto el deporte a mi vida, el triatlón vive para mi y no yo para él.

Os podéis imaginar que he hecho auténticas locuras de joven, que cuando las recuerdo pienso “madre mía, que poca cabeza tenía. Son cosas de la edad”.

SI algo más me ha ensañado el triatlón es que es más importante descansar que entrenar. Un buen descanso en su momento justo es lo mismo que estrenar una semana.

Y esto mismo lo aplico en mi día a día, con mi familia y con mi trabajo.

Somos lo que vivimos, lo que experimentamos, lo que pensamos y lo que nos ilusiona conseguir.

Mi mente esta sana y mi cuerpo también (aunque ya tengo casi 50 años). Seguiré disfrutando de esos momentos de soledad y paz interior que me aporta salir un sábado en bicicleta, ir a correr por los caminos de Lleida y nadar a las 7 de la mañana en la playa de Salou con el neopreno.

Gracias triatlón. Cambiaste mi vida hace 30 años y seguirás siendo mi compañero de viaje. Un abrazo y espero volver a verte pronto en la línea de salida.